
A lo largo de mis 20 años pastoreando me encontrado con un común denominador que marca una gran diferencia entre quienes son niños espirituales y quien han alcanzado madurez en Cristo.
Los inmaduros que solo piensan en ellos mismos y viven en su justicia propia, cuando se les intenta corregir con las palabras de Jesús SE OFENDEN.
En cambio el que busca madurez porque se le ha revelado Jesucristo, cuando llegan las palabras de Jesús a su vida para perfeccionar su fe, las recibe con gozo y las ve como vida eterna.
Obviamente que las dos reacciones tienen su consecuencia… Los primeros dejan de seguir a Jesús y se van detrás de sus amores mundanos, en cambio los segundos se aferran a Jesús demostrándole que lo aman a través de la obediencia a sus palabras.
Jorge Lonzi
Juan 6:61-63, 67-69 NBV
[61] Jesús comprendió que los discípulos estaban murmurando por lo que había dicho y les preguntó: ―¿Esto les ofende? [62] ¿Qué pasaría si vieran al Hijo del hombre subir a donde antes estaba? [63] El Espíritu es el que da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que yo les he dicho son espíritu y vida.
[67] ―¿También ustedes quieren irse? [68] Simón Pedro le contestó: ―Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. [69] Y nosotros hemos creído, y sabemos que eres el Santo de Dios.

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